Los 100 mejores comienzos de novelas



ūĚĒľl buen inicio de un libro es el mejor "gancho" para atrapar la curiosidad del lector. Su lectura despierta preguntas inmediatas, y como quiere respuestas, sigue leyendo para tratar de encontrarlas.
Esta lista es una colección de los 100 inicios de libros más o menos conocidos, pero todos ellos atrapantes.

Ver adem√°s:Los mejores comienzos de libros de la Literatura Latinoamericana

Los 100 mejores comienzos de novelas


1) 1984, de George Orwell
“Era un d√≠a luminoso y fr√≠o de abril y los relojes daban las trece.”


2) Anna Karenina, de León Tolstoi
“Las familias felices son todas iguales; las infelices lo son cada una a su manera.”


3) Asfixia, de Chuck Palahniu
“Si vas a leer esto, no te preocupes. Al cabo de un par de p√°ginas ya no querr√°s estar aqu√≠. As√≠ que olv√≠dalo. Al√©jate. L√°rgate mientras sigas entero. S√°lvate. Seguro que hay algo mejor en la televisi√≥n.
O, ya que tienes tanto tiempo libre, a lo mejor puedes hacer un cursillo nocturno. Hazte m√©dico. Puedes hacer algo √ļtil con tu vida. Ll√©vate a ti mismo a cenar. T√≠√Īete el pelo. No te vas a volver m√°s joven.
Al principio lo que se cuenta aqu√≠ te va a cabrear. Luego se volver√° cada vez peor.”


4) Babbitt, de Sinclair Lewis
“Las torres de Zenith se alzaban sobre la niebla matinal; austeras torres de acero, cemento y piedra caliza, firmes como rocas y delicadas como varillas de plata.”


5) Cien a√Īos de soledad, de Gabriel Garc√≠a M√°rquez
“Muchos a√Īos despu√©s, frente al pelot√≥n de fusilamiento, el coronel Aureliano Buend√≠a hab√≠a de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llev√≥ a conocer el hielo.”


6) Cita con Rama, de Arthur C. Clarke
“M√°s temprano o m√°s tarde, ten√≠a que suceder. El 30 de junio de 1908 Mosc√ļ escap√≥ de la destrucci√≥n por tres horas y cuatro mil kil√≥metros, un margen invisiblemente peque√Īo para las normas del universo.
El 12 de febrero de 1947 otra ciudad rusa se salv√≥ por un margen a√ļn m√°s estrecho, cuando el segundo gran meteorito del siglo XX estall√≥ a menos de cuatrocientos kil√≥metros de Vladivostok provocando una explosi√≥n que rivalizaba con la bomba de uranio recientemente inventada.”


7) Colmillo Blanco, de Jack London
“A un lado y a otro del helado cauce se ergu√≠a un oscuro bosque de abetos de ce√Īudo aspecto. Hac√≠a poco que el viento hab√≠a despojado a los √°rboles de la capa de hielo que los cubr√≠a y, en medio de la escasa claridad, que se iba debilitando por momentos, parec√≠an inclinarse unos hacia otros, negros y siniestros.
Reinaba un profundo silencio en toda la vasta extensión de aquella tierra.
Era la desolaci√≥n misma, sin vida, sin movimiento, tan solitaria y fr√≠a que ni siquiera bastar√≠a decir, para describirla, que su esencia era la tristeza”.


8) Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa
“Desde la puerta de La Cr√≥nica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: autom√≥viles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediod√≠a gris.
¿En qu√© momento se hab√≠a jodido el Per√ļ?”


9) Corazón tan blanco, de Javier Marías
“No he querido saber, pero he sabido que una de las ni√Īas, cuando ya no era ni√Īa y no hac√≠a mucho que hab√≠a regresado de su viaje de bodas, entr√≥ en el cuarto de ba√Īo, se puso frente al espejo, se abri√≥ la blusa, se quit√≥ el sost√©n y se busc√≥ el coraz√≥n con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.
Cuando se oy√≥ la detonaci√≥n, unos cinco minutos despu√©s de que la ni√Īa hubiera abandonado la mesa, el padre no se levant√≥ en seguida, sino que se qued√≥ durante algunos segundos paralizado con la boca llena ...”


10) Cr√≥nica de una muerte anunciada, de Gabriel Garc√≠a M√°rquez
“El d√≠a en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levant√≥ a las 5.30 de la ma√Īana para esperar el buque en que llegaba el obispo.”


11) David Copperfield, de Charles Dickens
“Si soy yo el h√©roe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazar√°, lo dir√°n estas p√°ginas. Para empezar mi historia desde el principio, dir√© que nac√≠ (seg√ļn me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empez√≥ a sonar y yo a gritar simult√°neamente.”


12) Delirio, de Laura Restrepo
“Supe que hab√≠a sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abri√≥ la puerta de esa habitaci√≥n de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extra√Īa manera.”


13) Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viv√≠a un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, roc√≠n flaco y galgo corredor.”


14) El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence
  “La nuestra es una √©poca esencialmente tr√°gica, as√≠ que nos negamos a tomarla por lo tr√°gico. El cataclismo se ha producido, estamos entre ruinas, comenzamos a construir h√°bitats diminutos, a tener nuevas esperanzas insignificantes.
Un trabajo no poco agobiante: no hay camino suave hacia el futuro, pero le buscamos vueltas o nos abrimos paso entre los obst√°culos. Hay que seguir viviendo a pesar de todos los firmamentos que se hayan derrumbado.”


15) El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez
 “Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.
El doctor Juvenal Urbino lo percibi√≥ desde que entr√≥ en la casa todav√≠a en penumbra adonde hab√≠a acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para √©l hab√≠a dejado de ser urgente desde hac√≠a muchos a√Īos.
El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inv√°lido de guerra, fot√≥grafo de ni√Īos y su adversario de ajedrez m√°s compasivo, se hab√≠a puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro.”


16) El arco iris de gravedad, de Thomas Pynchon
“Llega un grito a trav√©s del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con que compararlo. Es demasiado tarde.”


17) El buen soldado, de Ford Madox Ford
“Esta es la historia m√°s triste que jam√°s he le√≠do.”


18) El camino, de Miguel Delibes
“Las cosas pod√≠an haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron as√≠.
Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once a√Īos, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Despu√©s de todo, que su padre aspirara a hacer de √©l algo m√°s que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a √©l afectaba…”


19) El Capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte
“No era el m√°s honesto ni el m√°s piadoso, pero era un hombre valiente.”


20) El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas
“El 24 de febrero de 1815, el vig√≠a de Nuestra Se√Īora de la Guarda dio la se√Īal de que se hallaba a la vista el bergant√≠n El Fara√≥n procedente de Esmirna, Trieste y N√°poles.”


21) El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers
“En la ciudad hab√≠a dos mudos, y siempre estaban juntos”.


22) El cuento de la criada, de Margaret Atwood
“Dorm√≠amos en lo que, en otros tiempos, hab√≠a sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, ten√≠a pintadas l√≠neas y c√≠rculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todav√≠a exist√≠an, pero  las redes hab√≠an desaparecido.”


23) El dador, de Lois Lowry
“Era casi Diciembre y Jonas estaba empezando a tener miedo.”


24) El extranjero, de Albert Camus 
“Hoy ha muerto mam√°. O quiz√° ayer. No lo s√©. Recib√≠ un telegrama del asilo: «Falleci√≥ su madre. Entierro ma√Īana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quiz√° haya sido ayer.”
  

25) El filo de la navaja, de William Somerset Maugham
“Nunca he comenzado una novela con tanto recelo. La llamo novela porque no s√© qu√© otro nombre darle. Su valor anecd√≥tico es escaso y no acaba ni en muerte ni en boda.”


26) El fin del romance, de Graham Greene
“Una historia no tiene principio ni fin: uno elige arbitrariamente ese momento desde el que mirar hacia atr√°s o desde el que mirar hacia adelante.”


27) El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald
“En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.”Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…”


28) El guardi√°n entre el centeno, de J.D. Salinger
“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querr√°n saber es d√≥nde nac√≠, c√≥mo fue todo ese rollo de mi infancia, qu√© hac√≠an mis padres antes de tenerme a m√≠, y dem√°s pu√Īetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les dar√≠a un ataque si yo me pusiera aqu√≠ a hablarles de su vida privada.”


29) El Hobbit, de J.R.R. Tolkien
“En un agujero en el suelo, viv√≠a un hobbit. No un agujero h√ļmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.”
    

30) El hombre invisible, de Ralph Ellison
“Soy un hombre invisible. No, no soy uno de aquellos trasgos que atormentaban a Edgar Allan Poe, ni tampoco uno de esos ectoplasmas de las pel√≠culas de Hollywood.
Soy un hombre real, de carne y hueso, con m√ļsculos y humores, e incluso cabe afirmar que poseo una mente. Sabed que si soy invisible ello se debe, tan s√≥lo, a que la gente se niega a verme.
Soy como las cabezas separadas del tronco que a veces veis en las barracas de feria, soy como un reflejo de crueles espejos con duros cristales deformantes. Cuantos se acercan a m√≠ √ļnicamente ven lo que me rodea, o inventos de su imaginaci√≥n. Lo ven todo, cualquier cosa, menos mi persona.”


31) El jardín de cemento, de Ian McEwan
“Yo no mat√© a mi padre, pero a veces me he sentido como si hubiera contribuido a ello.”


32) El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder
“ ...al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en alg√ļn momento de donde no hab√≠a nada de nada ....”


33) El nombre de la rosa, de Umberto Eco
“En el principio era el Verbo y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios. Esto era en el principio, en Dios, y el monje fiel deber√≠a repetir cada d√≠a con salmodiante humildad ese acontecimiento inmutable cuya verdad es la √ļnica que puede afirmarse con certeza incontrovertible.”
 

34) El plantador de tabaco, de John Barth
“En los a√Īos finales del siglo XVII hab√≠a entre los juerguistas y petimetres que frecuentaban los caf√©s londinenses un individuo delgaducho y zanquilargo llamado Ebenezer Cooke, con m√°s ambici√≥n que talento y, sin embargo, m√°s talento que prudencia, el cual, al igual que sus compa√Īeros de juerga, que en teor√≠a estaban educ√°ndose en Oxford o Cambridge, encontraba en los sonidos de la madre lengua inglesa m√°s un motivo de juerga y diversi√≥n que algo con sentido con lo que se pod√≠a trabajar y, en consecuencia, en lugar de entregarse a los sinsabores de la erudici√≥n, el tal Ebenezer aprendi√≥ el arte de versificar, dando en desgranar, conforme a la moda de entonces, cuadernillos de pareados plagados de Joves y J√ļpiteres espumantes, entre el estruendo de las rimas estridentes y s√≠miles que de tanto tensar la cuerda, a punto estaban de romperla.”


35) El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry
“Cuando yo ten√≠a seis a√Īos vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magn√≠fica l√°mina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera.”


36) La rueda del tiempo, de Robert Jordan
“La Rueda del Tiempo gira y las eras llegan y pasan y dejan tras de s√≠ recuerdos que se convierten en leyenda. La leyenda se difumina, deviene mito, e incluso el mito se ha olvidado mucho antes de que la era que lo vio nacer retorne de nuevo”
 

37) El Se√Īor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien
“Cuando el se√Īor Bilbo Bols√≥n de Bols√≥n Cerrado anunci√≥ que muy pronto celebrar√≠a su cumplea√Īos centesimodecimoprimero con una fiesta de especial magnificencia, hubo muchos comentarios y excitaci√≥n en Hobbiton.”


38) El se√Īor Presidente, de Miguel √Āngel Asturias
“¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de o√≠dos persist√≠a el rumor de las campanadas a la oraci√≥n, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!”


39) El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier
“Esta noche he visto alzarse la M√°quina nuevamente. Era, en la proa, como una puerta abierta sobre el vasto cielo que ya nos tra√≠a olores de tierra por sobre un Oc√©ano tan sosegado, tan due√Īo de su ritmo, que la nave, levemente llevada, parec√≠a adormecerse en su rumbo, suspendida entre un ayer y un ma√Īana que se trasladaran con nosotros.”


40) El tambor de hojalata, de G√ľnter Grass
“Lo reconozco: estoy internado en un establecimiento psiqui√°trico y mi enfermero me observa, casi no me quita el ojo de encima; porque en la puerta hay una mirilla, y el ojo de mi enfermero es de ese color casta√Īo que a m√≠, que soy de ojos azules, no es capaz de calarme.”


41) El t√ļnel, de Ernesto Sabato
“Bastar√° decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mat√≥ a Mar√≠a Iribarne; supongo que el proceso est√° en el recuerdo de todos y  que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.”

42) El viejo y el mar, de Ernest Hemingway
“Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hac√≠a ochenta y cuatro d√≠as que no cog√≠a un pez.”


43) Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago
“Se ilumin√≥ el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la se√Īal roja. En el indicador de paso de peatones apareci√≥ la silueta del hombre verde.
La gente empez√≥ a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero as√≠ llaman a este paso.”


44) Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento
“¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entra√Īas de un noble pueblo! T√ļ posees el secreto: ¡rev√©lanoslo!”


45) Fahrehneit 451, de Ray Bradbury 
“Constitu√≠a un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus pu√Īos, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petr√≥leo venenoso sobre el mundo, la sangre le lat√≠a en la cabeza y sus manos eran las de un fant√°stico director tocando todas las sinfon√≠as del fuego y de las llamas para destruir los gui√Īapos y ruinas de la Historia.”
   

46) Fausto, de Johann Wolfang von Goethe
“¡Ah! Filosof√≠a, jurisprudencia, medicina y hasta teolog√≠a, todo lo he profundizado con entusiasmo creciente, y ¡heme aqu√≠, pobre loco, tan sabio como antes!
Es verdad que me titulo, maestro, doctor, y que aquí, allá y en todas partes cuento con innumerables discípulos que puedo dirigir a mi capricho; pero no lo es menos que nada logramos saber. Esto es lo que me hiere el alma.
Sin embargo, s√© m√°s que todos cuantos necios, doctores, maestros, cl√©rigos y religiosos se conocen: ning√ļn escr√ļpulo ni duda me atormentan; nada temo de todo aquello que causa a los dem√°s espanto; pero, merced a esto mismo, no hay para m√≠ esperanza ni placer alguno.”


47) Flores para algernon, de Daniel Keyes
“El doctor Strauss dise que debo escrebir lo que yo pienso y todas las cosas que a mi me pasan desde aora. No se porque pero el dise que es mui inportante para que ellos puedan ber si ellos pueden usarme a mi. Espero que ellos puedan usarme a mi pues miss Kinnian dise que ellos quisa pueden aserme listo. Yo qiero ser listo.”


48) Hermosos y malditos, de F. Scott Fitzgerald
“En 1913, cuando Anthony Patch cumpli√≥ los veinticinco, hab√≠an transcurrido ya dos a√Īos desde que la iron√≠a —el Esp√≠ritu Santo de estos √ļltimos tiempos— descendiera, al menos te√≥ricamente, sobre √©l.
La iron√≠a era como el toque final a los zapatos, como la √ļltima pasada de cepillo a la ropa, una especie de «¡Ya est√°!» intelectual; sin embargo, al comienzo de esta historia, Anthony no ha hecho m√°s que alcanzar el uso de raz√≥n.”


49) Herzog, de Saul Bellow
“«Si estoy chalado, tanto mejor», pens√≥ Moses Herzog. Algunos lo cre√≠an majareta, y durante alg√ļn tiempo √©l mismo hab√≠a llegado a pensar que le faltaba un tornillo.”


50) Historia de dos ciudades, de Charles Dickens
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabidur√≠a, y tambi√©n de la locura; la √©poca de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperaci√≥n.
Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos directos al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.
En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo."


51) Jakob von Gunten, de Robert Walser
“Aqu√≠ se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jam√°s llegaremos a nada, es decir que el d√≠a de ma√Īana seremos todos gente muy modesta y subordinada.
La ense√Īanza que nos imparten consiste b√°sicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ning√ļn √©xito.”
     

52) La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela
“Yo, se√Īor, no soy malo, aunque no me faltar√≠an motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fu√©semos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.
Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas.
Aqu√©llos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonr√≠en con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ce√Īo como las alima√Īas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que nadie ha de borrar ya.”


53) La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa
“El hombre era alto y tan flaco que parec√≠a siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ard√≠an con fuego perpetuo.
Calzaba sandalias de pastor y la t√ļnica morada que le ca√≠a sobre el cuerpo recordaba el h√°bito de esos misioneros que, de cuando en cuando, visitaban los pueblos del sert√≥n bautizando muchedumbres de ni√Īos y casando a las parejas amancebadas.
Era imposible saber su edad, su procedencia, su historia, pero algo hab√≠a en su facha tranquila, en sus costumbres frugales, en su imperturbable seriedad que, aun antes de que diera consejos, atra√≠a a las gentes.”


54) La historia interminable, de Michael Ende
“N√ďISACO ED SORBIL rednaeroK barnoK lraK :oirateiporP  Esta era la inscripci√≥n que hab√≠a en la puerta de cristal de una tiendecita, pero naturalmente solo se ve√≠a as√≠ cuando se miraba a la calle, a trav√©s del cristal, desde el interior en penumbra.”


55) La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares
“Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro.”


56) La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson   
“El squire Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros caballeros me han indicado que ponga por escrito todo lo referente a la Isla del Tesoro, sin omitir detalle, aunque sin mencionar la posici√≥n de la isla, ya que todav√≠a en ella quedan riquezas enterradas; y por ello tomo mi pluma en este a√Īo de gracia de 17... y mi memoria se remonta al tiempo en que mi padre era due√Īo de la hoster√≠a «Almirante Benbow», y el viejo curtido navegante, con su rostro cruzado por un sablazo, busc√≥ cobijo bajo nuestro techo.”


57) La maleta, de Sergei Dovlatov
“En el OVIR va aquella zorra y me dice:
- Cada emigrante tiene derecho a tres maletas. Esa es la norma establecida. Hay una resolución especial del ministerio.
No tenía sentido objetar. Pero, por supuesto, objeté.
- ¡¿Solamente tres maletas!? ¡¿Y qu√© hace uno con sus cosas!?
- ¿Por ejemplo?
- Por ejemplo, con mi colección de coches de carreras.
- V√©ndala -respondi√≥ de inmediato la funcionaria; y a√Īadi√≥, frunciendo levemente las cejas:
- Si algo no le satisface, escriba una reclamación.
- Estoy satisfecho -le digo.      Despu√©s de la c√°rcel, todo me satisfac√≠a.
- Entonces, compórtese correctamente ...
Una semana despu√©s recog√≠a mis cosas. Y, como se vio despu√©s, me bastaba con una sola maleta.”


58) La m√°quina del tiempo, de H. G. Wells
“El Viajero a trav√©s del Tiempo (pues convendr√° llamarle as√≠ al hablar de √©l)   nos expon√≠a una misteriosa cuesti√≥n. Sus ojos grises brillaban lanzando centellas, y su rostro, habitualmente p√°lido, mostr√°base encendido y animado. El fuego ard√≠a fulgurante y el suave resplandor de las l√°mparas incandescentes, en forma de lirios de plata, se prend√≠a en las burbujas que destellaban y sub√≠an dentro de nuestras copas.”


59) La metamorfosis, de Franz Kafka
“Cuando Gregorio Samsa se despert√≥ una ma√Īana despu√©s de un sue√Īo intranquilo, se encontr√≥ sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.”


60) La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes
“Yo despierto … Me despierta el contacto de ese objeto fr√≠o con el miembro. No sab√≠a que a veces se puede orinar involuntariamente. Permanezco con los ojos cerrados. Las voces m√°s cercanas no se escuchan. Si abro los ojos, ¿podr√© escucharlas? …”


61) La regenta, de Leopoldo Alas Clarín
“La heroica ciudad dorm√≠a la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte. En las calles no hab√≠a m√°s ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina revolando y persigui√©ndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. ”


62) La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zaf√≥n 
“Todav√≠a recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llev√≥ por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados.
Desgranaban los primeros d√≠as del verano de 1945 y camin√°bamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa M√≥nica en una guirnalda de cobre l√≠quido.”


63) La Torre Oscura I, de Stephen King
“El hombre de negro hu√≠a a trav√©s del desierto y el Pistolero iba en pos de √©l.”


64) La vorágine, de José Eustasio Rivera
“Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugu√© mi coraz√≥n al azar y me lo gan√≥ la Violencia.”


65) Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain
“No sabr√©is qui√©n soy yo si no hab√©is le√≠do un libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer, pero no importa. Ese libro lo escribi√≥ el se√Īor Mark Twain y cont√≥ la verdad, casi siempre. Algunas cosas las exager√≥, pero casi siempre dijo la verdad. Eso no es nada.”


66) Las intermitencias de la muerte, de Jose Saramago
“Al d√≠a siguiente no muri√≥ nadie.”


67) León el africano, de Amin Maalou
“A m√≠, Hasan, hijo de Mohamed el alam√≠n, a m√≠, Juan Le√≥n de M√©dicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un Papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de √Āfrica, ni de Europa, ni de Arabia soy.
Me llaman tambi√©n el Granadino, el Fes√≠, el Zayyati, pero no procedo de ning√ļn pa√≠s, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la m√°s inesperada traves√≠a.
Mis mu√Īecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los pr√≠ncipes y de las cadenas de los esclavos.
Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios.
Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna.
No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornar√© un d√≠a no lejano.”


68) Lolita, de Vladimir Nabokov
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entra√Īas. Pecado m√≠o, alma m√≠a. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la ma√Īana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuan­do firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.”


69) Los detectives salvajes, de Roberto Bola√Īo
“2 de noviembre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciaci√≥n. Mejor as√≠.”


70) Los tigres de Mompracem (Sandok√°n), de Emilio Salgari
“En la noche del 20 de diciembre de 1849 un violent√≠simo hurac√°n azotaba a Mompracem, isla salvaje de siniestra fama, guarida de temibles piratas situada en el mar de la Malasia, a pocos centenares de kil√≥metros de las costas occidentales de Borneo.”


71) M√°s que humano, de Theodore Sturgeon
“El idiota viv√≠a en un mundo negro y gris, matizado por los rel√°mpagos blancos del hambre y las llamas vacilantes del miedo.
Llevaba ropas ra√≠das y rotas. Aqu√≠ una tibia, afilada como un fr√≠o cincel, y all√≠, en la camisa agujereada, se ve√≠an unas costillas como dedos de un pu√Īo. Era alto y chato, de mirada serena y rostro inexpresivo.
Los hombres se apartaban de √©l; las mujeres evitaban mirarlo; los ni√Īos se deten√≠an y lo observaban. El idiota no se preocupaba; nada esperaba de ellos. Cuando el rel√°mpago lo her√≠a, lo alimentaban.
Cuando no podía alimentarse por sus propios medios, o cuando no podía quedarse sin comer, lo alimentaba la primera persona que se le cruzase en el camino El idiota no sabía por qué, pero no se sorprendía.
No mendigaba. Se detenía y esperaba, simplemente.
Alguien lo miraba a los ojos y en la mano del idiota aparecía una moneda. Comía, y su benefactor se apresuraba a irse, aturdido y sin comprender.
A veces, nerviosamente, le hablaban; hablaban de √©l entre ellos. El idiota o√≠a los sonidos, pero no los entend√≠a. Viv√≠a apartado en alg√ļn lugar secreto de s√≠ mismo. ”


72) Matadero cinco, de Kurt Vonnegut
“Todo esto sucedi√≥, m√°s o menos.”


73) Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk
“Ahora estoy muerto, soy un cad√°ver en el fondo de un pozo” “Encuentra al hombre que me asesin√≥ y te contar√© detalladamente lo que hay en la otra vida.”


74) Memorias del subsuelo, de Fiodor M. Dostoievski
“Soy un hombre enfermo ... Un hombre malo. No soy agradable. Creo que padezco del h√≠gado. De todos modos, nada entiendo de mi enfermedad y no s√© con certeza lo que me duele. No me cuido y jam√°s me he cuidado, aunque siento respeto por la medicina y los m√©dicos.
Adem√°s, soy extremadamente supersticioso, cuando menos lo bastante para respetar la medicina (tengo suficiente cultura para no ser supersticioso, pero lo soy) .
S√≠, no quiero curarme por rabia. Esto, seguramente, ustedes no lo pueden entender. Pero yo s√≠ lo entiendo.  Claro, que tampoco sabr√≠a decirles a qui√©n exactamente estoy fastidiando con mi rabia; s√© perfectamente que tampoco puedo “jorobar” a los m√©dicos por no acudir a ellos. S√© mejor que nadie, que con todo esto, s√≥lo me perjudico a m√≠ mismo y a nadie m√°s. Pero a pesar de todo, si no me pongo en tratamiento, es por rabia. ¡Y si mi h√≠gado est√° mal, pues que se ponga peor!.”


75) Middlesex, de Jeffrey Eugenides
“Nac√≠ dos veces: fui ni√Īa primero, en un incre√≠ble d√≠a sin niebla t√≥xica en Detroit, en enero de 1960; y chico despu√©s, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.”


76) Miedo y asco en Las Vegas, de Thompson
“Est√°bamos en alg√ļn lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo as√≠ como:     —Estoy algo volado, mejor conduces t√ļ...
Y de pronto hubo un estruendo terrible a nuestro alrededor y el cielo se llen√≥ de lo que parec√≠an vampiros inmensos, todos haciendo pasadas y chillando y lanz√°ndose en picado alrededor del coche, que iba a unos ciento sesenta por hora, la capota bajada, rumbo a Las Vegas.”
  

77) Moby Dick, de Herman Melville
“Llamadme Ismael. Hace a√Īos, no importa cu√°ntos exactamente, hall√°ndome con poco o ning√ļn dinero en el bolsillo y nada en particular que me interesara en tierra, pens√© que me ir√≠a a navegar un poco por ah√≠, para ver la parte acu√°tica del mundo. Es un modo que tengo de ahuyentar la melancol√≠a y arreglar la circulaci√≥n.”
   

78) Murphy, de Samuel Beckett
“El sol brillaba, no teniendo otra alternativa, sobre lo nada nuevo.”


79) Musashi. La leyenda del samurai, de Eiji Yoshikawa
“Takezo yac√≠a entre los cad√°veres, que se contaban por millares. «El mundo entero se ha vuelto loco —pens√≥ nebulosamente—.
Un hombre podr√≠a compararse a una hoja muerta arrastrada por la brisa oto√Īal.» √Čl mismo parec√≠a uno de aquellos cuerpos sin vida que le rodeaban.”


80) Neuromante, de William Gibson
“El cielo sobre el puerto ten√≠a el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.”


81) Niebla, de Miguel de Unamuno
“Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendi√≥ el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo qued√≥se un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta.”


82) Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
“Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario.
Esta verdad est√° tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su leg√≠tima propiedad y otras de la de sus hijas.”


83) Paraíso inhabitado, de Ana María Matute
“Nac√≠ cuando mis padres ya no se quer√≠an.
Cristina, mi hermana mayor, era por entonces una jovencita displicente, cuya sola mirada me hacía culpable de alguna misteriosa ofensa hacia su persona, que nunca conseguí descifrar.
En cuanto a mis hermanos Jerónimo y Fabián, gemelos y llenos de acné, no me hacían el menor caso.
De modo que los primeros a√Īos de mi vida fueron bastante solitarios.”


84) Pedro P√°ramo, Juan Rulfo
“Vine a Comala porque me dijeron que ac√° viv√≠a mi padre, un tal Pedro P√°ramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le promet√≠ que vendr√≠a a verlo en cuanto ella muriera...”


85) Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez
“Platero es peque√Īo, peludo, suave; tan blando por fuera, que se dir√≠a todo de algod√≥n, que no lleva huesos. S√≥lo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.”


86) Preg√ļntale al polvo, de John Fante
“Cierta noche me encontraba sentado en la cama de la habitaci√≥n de la pensi√≥n de Bunker Hill en que me hospedaba, en el centro mismo de Los √Āngeles.
Era una noche de importancia vital para m√≠, ya que ten√≠a que tomar una decisi√≥n relativa a la pensi√≥n. O pagaba o me iba: es lo que dec√≠a la nota, la nota que la due√Īa me hab√≠a deslizado por debajo de la puerta.
Un problema relevante, merecedor de una atención enorme.
Lo resolv√≠ apagando la luz y ech√°ndome a dormir.”


87) Rayuela, de Julio Cort√°zar
“¿Encontrar√≠a a la Maga? Tantas veces me hab√≠a bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el r√≠o me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscrib√≠a en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.”


88) Robinson Crusoe, de Daniel Defoe
“Nac√≠ en el a√Īo 1632 en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no del pa√≠s, pues mi padre era un extranjero, oriundo de Bremen, que se hab√≠a radicado inicialmente en Hull.
Gracias al comercio, pose√≠a un considerable patrimonio, y, al abandonar los negocios, vino a vivir a York, donde cas√≥ con mi madre, que pertenec√≠a a una distinguida familia de la regi√≥n, de nombre Robinson, raz√≥n por la cual yo fui llamado Robinson Kreutznaer.”


89) Scaramouche, de Rafael Sabatini
“Naci√≥ con el don de la risa y con la intuici√≥n de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio.“


90) Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari
“Yo, Sinuh√©, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro.
No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos.
Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo al provenir ni por esperanza.
Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes.
Es, pues, para m√≠ solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros.”


91) Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino
“Est√°s a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero.
Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume enlo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida.
Dilo en seguida, a los dem√°s: «¡No, no quiero ver la televisi√≥n!»
Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!»
Quiz√° no te han o√≠do, con todo ese estruendo; dilo m√°s fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!»
O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.”


92) Terra nostra, de Carlos Fuentes
“Incre√≠ble el primer animal que so√Ī√≥ con otro animal. Monstruoso el primer vertebrado que logr√≥ incorporarse sobre dos pies y as√≠ esparci√≥ el terror entre las bestias normales que a√ļn se arrastraban, con alegre y natural cercan√≠a, por el fango creador.
Asombrosos el primer telefonazo, el primer hervor, la primera canci√≥n y el primer taparrabos.”


93) Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos
“Sonaba el tel√©fono y he o√≠do el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el tel√©fono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el tel√©fono.”


94) Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante
“Showtime! Se√Īoras y se√Īores. Ladies and gentlemen. Muy buenas noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes. Good-evening, ladies & gentlemen. Tropicana, el cabaret m√°s fabuloso del mundo…”


95) Trópico de Cáncer, de Henry Miller
“Vivo en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ning√ļn sitio, ni una silla fuera de su lugar. Aqu√≠ estamos todos solos y estamos muertos.”


96) Trópico de Capricornio, de Henry Miller
“Una vez que has entregado el alma, lo dem√°s sigue con absoluta certeza, aun en pleno caos.
Desde el principio nunca fue sino caos: el fluido que me envolvía, que aspiraba por las branquias. En el substrato, donde brillaba la luna, inmutable y opaca, todo era suave y fecundante; por encima, disputa y discordia.
En todo veía yo en seguida el extremo opuesto, la contradicción y, entre lo real y lo irreal, la ironía y la paradoja.
Era el peor enemigo de m√≠ mismo.”


97) Tu rostro ma√Īana. Veneno y sombra y adi√≥s, de Javier Mar√≠as
“Uno no lo desea, pero prefiere siempre que muera el que est√° a su lado, en una misi√≥n o en una batalla, en una escuadrilla a√©rea o bajo un bombardeo o en la trinchera cuando las hab√≠a, en un asalto callejero o en el atraco a una tienda o en un secuestro de turistas, en un terremoto, una explosi√≥n, un atentado, un incendio, da lo mismo: el compa√Īero, el hermano, el padre o incluso el hijo, aunque sea ni√Īo.
Y tambi√©n la amada, tambi√©n la amada, antes que uno mismo.”


98) Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal
“Hace treinta y cinco a√Īos que trabajo con papel viejo y √©sta es mi love story. Hace treinta y cinco a√Īos que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco a√Īos que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una enciclopedia, una m√°s entre las muchas de las cuales, durante todo este tiempo, habr√© comprimido alrededor de treinta toneladas, soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los m√°s bellos pensamientos, soy culto a pesar de m√≠ mismo y ya no s√© qu√© ideas son m√≠as, surgidas propiamente de m√≠, y cu√°les he adquirido leyendo ...”


99) Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne
“Un domingo, el 24 de mayo de 1863, mi t√≠o, el profesor Lidenbrock, volvi√≥ precipitadamente a su casa, sita en el n√ļmero 19 de K√∂nigstrasse, una de las calles m√°s antiguas del viejo barrio de Hamburgo.”


100) Yo, Claudio, de Robert Graves
“Yo, Tiberio Claudio Druso Ner√≥n Germ√°nico esto-lo-otro-y-lo-de-m√°s-all√°…(porque no pienso molestarlos todav√≠a con todos mis t√≠tulos) , que otrora, no hace mucho, fui conocido por mis parientes, amigos y colaboradores como "Claudio el Idiota", o "Ese Claudio", o "Claudio el Tartamudo" o "Clau-Clau-Claudio", o, cuando mucho, como "El pobre t√≠o Claudio", voy a escribir ahora esta extra√Īa historia de mi vida.”