Los 100 mejores comienzos de novelas



𝔼𝓵 buen inicio de un libro es el mejor "gancho" para atrapar la curiosidad del lector. Su lectura despierta preguntas inmediatas, y como quiere respuestas, sigue leyendo para tratar de encontrarlas.
Esta lista es una colección de los 100 inicios de libros más o menos conocidos, pero todos ellos atrapantes.

Los 100 mejores comienzos de novelas




1) 1984, de George Orwell
“Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece.”


2) Anna Karenina, de León Tolstoi
“Las familias felices son todas iguales; las infelices lo son cada una a su manera.”


3) Asfixia, de Chuck Palahniu
“Si vas a leer esto, no te preocupes. Al cabo de un par de páginas ya no querrás estar aquí. Así que olvídalo. Aléjate. Lárgate mientras sigas entero. Sálvate. Seguro que hay algo mejor en la televisión.
O, ya que tienes tanto tiempo libre, a lo mejor puedes hacer un cursillo nocturno. Hazte médico. Puedes hacer algo útil con tu vida. Llévate a ti mismo a cenar. Tíñete el pelo. No te vas a volver más joven.
Al principio lo que se cuenta aquí te va a cabrear. Luego se volverá cada vez peor.”


4) Babbitt, de Sinclair Lewis
“Las torres de Zenith se alzaban sobre la niebla matinal; austeras torres de acero, cemento y piedra caliza, firmes como rocas y delicadas como varillas de plata.”


5) Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”


6) Cita con Rama, de Arthur C. Clarke
“Más temprano o más tarde, tenía que suceder. El 30 de junio de 1908 Moscú escapó de la destrucción por tres horas y cuatro mil kilómetros, un margen invisiblemente pequeño para las normas del universo.
El 12 de febrero de 1947 otra ciudad rusa se salvó por un margen aún más estrecho, cuando el segundo gran meteorito del siglo XX estalló a menos de cuatrocientos kilómetros de Vladivostok provocando una explosión que rivalizaba con la bomba de uranio recientemente inventada.”


7) Colmillo Blanco, de Jack London
“A un lado y a otro del helado cauce se erguía un oscuro bosque de abetos de ceñudo aspecto. Hacía poco que el viento había despojado a los árboles de la capa de hielo que los cubría y, en medio de la escasa claridad, que se iba debilitando por momentos, parecían inclinarse unos hacia otros, negros y siniestros.
Reinaba un profundo silencio en toda la vasta extensión de aquella tierra.
Era la desolación misma, sin vida, sin movimiento, tan solitaria y fría que ni siquiera bastaría decir, para describirla, que su esencia era la tristeza”.


8) Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa
“Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris.
¿En qué momento se había jodido el Perú?”


9) Corazón tan blanco, de Javier Marías
“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.
Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena ...”


10) Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez
“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.”


11) David Copperfield, de Charles Dickens
“Si soy yo el héroe de mi propia vida o si otro cualquiera me reemplazará, lo dirán estas páginas. Para empezar mi historia desde el principio, diré que nací (según me han dicho y yo lo creo) un viernes a las doce en punto de la noche. Y, cosa curiosa, el reloj empezó a sonar y yo a gritar simultáneamente.”


12) Delirio, de Laura Restrepo
“Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera.”


13) Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”


14) El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence
  “La nuestra es una época esencialmente trágica, así que nos negamos a tomarla por lo trágico. El cataclismo se ha producido, estamos entre ruinas, comenzamos a construir hábitats diminutos, a tener nuevas esperanzas insignificantes.
Un trabajo no poco agobiante: no hay camino suave hacia el futuro, pero le buscamos vueltas o nos abrimos paso entre los obstáculos. Hay que seguir viviendo a pesar de todos los firmamentos que se hayan derrumbado.”


15) El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez
 “Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.
El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbra adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años.
El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y su adversario de ajedrez más compasivo, se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro.”


16) El arco iris de gravedad, de Thomas Pynchon
“Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con que compararlo. Es demasiado tarde.”


17) El buen soldado, de Ford Madox Ford
“Esta es la historia más triste que jamás he leído.”


18) El camino, de Miguel Delibes
“Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así.
Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…”


19) El Capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte
“No era el más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.”


20) El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas
“El 24 de febrero de 1815, el vigía de Nuestra Señora de la Guarda dio la señal de que se hallaba a la vista el bergantín El Faraón procedente de Esmirna, Trieste y Nápoles.”


21) El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers
“En la ciudad había dos mudos, y siempre estaban juntos”.


22) El cuento de la criada, de Margaret Atwood
“Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero  las redes habían desaparecido.”


23) El dador, de Lois Lowry
“Era casi Diciembre y Jonas estaba empezando a tener miedo.”


24) El extranjero, de Albert Camus 
“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: «Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias.» Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer.”
  

25) El filo de la navaja, de William Somerset Maugham
“Nunca he comenzado una novela con tanto recelo. La llamo novela porque no sé qué otro nombre darle. Su valor anecdótico es escaso y no acaba ni en muerte ni en boda.”


26) El fin del romance, de Graham Greene
“Una historia no tiene principio ni fin: uno elige arbitrariamente ese momento desde el que mirar hacia atrás o desde el que mirar hacia adelante.”


27) El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald
“En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.”Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…”


28) El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger
“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada.”


29) El Hobbit, de J.R.R. Tolkien
“En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.”
    

30) El hombre invisible, de Ralph Ellison
“Soy un hombre invisible. No, no soy uno de aquellos trasgos que atormentaban a Edgar Allan Poe, ni tampoco uno de esos ectoplasmas de las películas de Hollywood.
Soy un hombre real, de carne y hueso, con músculos y humores, e incluso cabe afirmar que poseo una mente. Sabed que si soy invisible ello se debe, tan sólo, a que la gente se niega a verme.
Soy como las cabezas separadas del tronco que a veces veis en las barracas de feria, soy como un reflejo de crueles espejos con duros cristales deformantes. Cuantos se acercan a mí únicamente ven lo que me rodea, o inventos de su imaginación. Lo ven todo, cualquier cosa, menos mi persona.”


31) El jardín de cemento, de Ian McEwan
“Yo no maté a mi padre, pero a veces me he sentido como si hubiera contribuido a ello.”


32) El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder
“ ...al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde no había nada de nada ....”


33) El nombre de la rosa, de Umberto Eco
“En el principio era el Verbo y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios. Esto era en el principio, en Dios, y el monje fiel debería repetir cada día con salmodiante humildad ese acontecimiento inmutable cuya verdad es la única que puede afirmarse con certeza incontrovertible.”
 

34) El plantador de tabaco, de John Barth
“En los años finales del siglo XVII había entre los juerguistas y petimetres que frecuentaban los cafés londinenses un individuo delgaducho y zanquilargo llamado Ebenezer Cooke, con más ambición que talento y, sin embargo, más talento que prudencia, el cual, al igual que sus compañeros de juerga, que en teoría estaban educándose en Oxford o Cambridge, encontraba en los sonidos de la madre lengua inglesa más un motivo de juerga y diversión que algo con sentido con lo que se podía trabajar y, en consecuencia, en lugar de entregarse a los sinsabores de la erudición, el tal Ebenezer aprendió el arte de versificar, dando en desgranar, conforme a la moda de entonces, cuadernillos de pareados plagados de Joves y Júpiteres espumantes, entre el estruendo de las rimas estridentes y símiles que de tanto tensar la cuerda, a punto estaban de romperla.”


35) El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry
“Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera.”


36) La rueda del tiempo, de Robert Jordan
“La Rueda del Tiempo gira y las eras llegan y pasan y dejan tras de sí recuerdos que se convierten en leyenda. La leyenda se difumina, deviene mito, e incluso el mito se ha olvidado mucho antes de que la era que lo vio nacer retorne de nuevo”
 

37) El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien
“Cuando el señor Bilbo Bolsón de Bolsón Cerrado anunció que muy pronto celebraría su cumpleaños centesimodecimoprimero con una fiesta de especial magnificencia, hubo muchos comentarios y excitación en Hobbiton.”


38) El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias
“¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanadas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!”


39) El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier
“Esta noche he visto alzarse la Máquina nuevamente. Era, en la proa, como una puerta abierta sobre el vasto cielo que ya nos traía olores de tierra por sobre un Océano tan sosegado, tan dueño de su ritmo, que la nave, levemente llevada, parecía adormecerse en su rumbo, suspendida entre un ayer y un mañana que se trasladaran con nosotros.”


40) El tambor de hojalata, de Günter Grass
“Lo reconozco: estoy internado en un establecimiento psiquiátrico y mi enfermero me observa, casi no me quita el ojo de encima; porque en la puerta hay una mirilla, y el ojo de mi enfermero es de ese color castaño que a mí, que soy de ojos azules, no es capaz de calarme.”


41) El túnel, de Ernesto Sabato
“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y  que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.”

42) El viejo y el mar, de Ernest Hemingway
“Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez.”


43) Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago
“Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador de paso de peatones apareció la silueta del hombre verde.
La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso.”


44) Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento
“¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!”


45) Fahrehneit 451, de Ray Bradbury 
“Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia.”
   

46) Fausto, de Johann Wolfang von Goethe
“¡Ah! Filosofía, jurisprudencia, medicina y hasta teología, todo lo he profundizado con entusiasmo creciente, y ¡heme aquí, pobre loco, tan sabio como antes!
Es verdad que me titulo, maestro, doctor, y que aquí, allá y en todas partes cuento con innumerables discípulos que puedo dirigir a mi capricho; pero no lo es menos que nada logramos saber. Esto es lo que me hiere el alma.
Sin embargo, sé más que todos cuantos necios, doctores, maestros, clérigos y religiosos se conocen: ningún escrúpulo ni duda me atormentan; nada temo de todo aquello que causa a los demás espanto; pero, merced a esto mismo, no hay para mí esperanza ni placer alguno.”


47) Flores para algernon, de Daniel Keyes
“El doctor Strauss dise que debo escrebir lo que yo pienso y todas las cosas que a mi me pasan desde aora. No se porque pero el dise que es mui inportante para que ellos puedan ber si ellos pueden usarme a mi. Espero que ellos puedan usarme a mi pues miss Kinnian dise que ellos quisa pueden aserme listo. Yo qiero ser listo.”


48) Hermosos y malditos, de F. Scott Fitzgerald
“En 1913, cuando Anthony Patch cumplió los veinticinco, habían transcurrido ya dos años desde que la ironía —el Espíritu Santo de estos últimos tiempos— descendiera, al menos teóricamente, sobre él.
La ironía era como el toque final a los zapatos, como la última pasada de cepillo a la ropa, una especie de «¡Ya está!» intelectual; sin embargo, al comienzo de esta historia, Anthony no ha hecho más que alcanzar el uso de razón.
La primera vez que lo vemos se pregunta con frecuencia si no será un hombre sin honor y algo chiflado, una sustancia vergonzosa y obscenamente delgada que brilla sobre la superficie del mundo como el aceite sobre un estanque de aguas cristalinas; aunque en otras ocasiones, por supuesto, se considera un joven excepcional , extraordinariamente refinado, bien integrado en su medio ambiente y, en cierto modo, más importante.”


49) Herzog, de Saul Bellow
“«Si estoy chalado, tanto mejor», pensó Moses Herzog. Algunos lo creían majareta, y durante algún tiempo él mismo había llegado a pensar que le faltaba un tornillo.”

50) Historia de dos ciudades, de Charles Dickens
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.
Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos directos al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto.
En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo."


51) Jakob von Gunten, de Robert Walser
“Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada.
La enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito.”
     

52) La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela
“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.
Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas.
Aquéllos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que nadie ha de borrar ya.”


53) La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa
“El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes y sus ojos ardían con fuego perpetuo.
Calzaba sandalias de pastor y la túnica morada que le caía sobre el cuerpo recordaba el hábito de esos misioneros que, de cuando en cuando, visitaban los pueblos del sertón bautizando muchedumbres de niños y casando a las parejas amancebadas.
Era imposible saber su edad, su procedencia, su historia, pero algo había en su facha tranquila, en sus costumbres frugales, en su imperturbable seriedad que, aun antes de que diera consejos, atraía a las gentes.”


54) La historia interminable, de Michael Ende
“NÓISACO ED SORBIL rednaeroK barnoK lraK :oirateiporP  Esta era la inscripción que había en la puerta de cristal de una tiendecita, pero naturalmente solo se veía así cuando se miraba a la calle, a través del cristal, desde el interior en penumbra.”


55) La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares
“Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro.”


56) La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson   
“El squire Trelawney, el doctor Livesey y algunos otros caballeros me han indicado que ponga por escrito todo lo referente a la Isla del Tesoro, sin omitir detalle, aunque sin mencionar la posición de la isla, ya que todavía en ella quedan riquezas enterradas; y por ello tomo mi pluma en este año de gracia de 17... y mi memoria se remonta al tiempo en que mi padre era dueño de la hostería «Almirante Benbow», y el viejo curtido navegante, con su rostro cruzado por un sablazo, buscó cobijo bajo nuestro techo.”


57) La maleta, de Sergei Dovlatov
“En el OVIR va aquella zorra y me dice:
- Cada emigrante tiene derecho a tres maletas. Esa es la norma establecida. Hay una resolución especial del ministerio.  
No tenía sentido objetar. Pero, por supuesto, objeté.  
- ¡¿Solamente tres maletas!? ¡¿Y qué hace uno con sus cosas!? 
- ¿Por ejemplo?  
- Por ejemplo, con mi colección de coches de carreras.  
- Véndala -respondió de inmediato la funcionaria; y añadió, frunciendo levemente las cejas:
- Si algo no le satisface, escriba una reclamación. 
- Estoy satisfecho -le digo.      Después de la cárcel, todo me satisfacía. 
- Entonces, compórtese correctamente ...  
Una semana después recogía mis cosas. Y, como se vio después, me bastaba con una sola maleta.”


58) La máquina del tiempo, de H. G. Wells
“El Viajero a través del Tiempo (pues convendrá llamarle así al hablar de él)   nos exponía una misteriosa cuestión. Sus ojos grises brillaban lanzando centellas, y su rostro, habitualmente pálido, mostrábase encendido y animado. El fuego ardía fulgurante y el suave resplandor de las lámparas incandescentes, en forma de lirios de plata, se prendía en las burbujas que destellaban y subían dentro de nuestras copas.”


59) La metamorfosis, de Franz Kafka
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.”


60) La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes
“Yo despierto … Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro. No sabía que a veces se puede orinar involuntariamente. Permanezco con los ojos cerrados. Las voces más cercanas no se escuchan. Si abro los ojos, ¿podré escucharlas? …”


61) La regenta, de Leopoldo Alas Clarín
“La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte. En las calles no había más ruido que el rumor estridente de los remolinos de polvo, trapos, pajas y papeles que iban de arroyo en arroyo, de acera en acera, de esquina en esquina revolando y persiguiéndose, como mariposas que se buscan y huyen y que el aire envuelve en sus pliegues invisibles. ”


62) La Sombra del Viento, de Carlos Ruiz Zafón 
“Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados.
Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido.”


63) La Torre Oscura I, de Stephen King
“El hombre de negro huía a través del desierto y el Pistolero iba en pos de él.”


64) La vorágine, de José Eustasio Rivera
“Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia.”


65) Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain
“No sabréis quién soy yo si no habéis leído un libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer, pero no importa. Ese libro lo escribió el señor Mark Twain y contó la verdad, casi siempre. Algunas cosas las exageró, pero casi siempre dijo la verdad. Eso no es nada.”


66) Las intermitencias de la muerte, de Jose Saramago  
“Al día siguiente no murió nadie.”


67) León el africano, de Amin Maalou
“A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un Papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy.
Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía.
Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los príncipes y de las cadenas de los esclavos.
Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios.
Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna.
No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano.”


68) Lolita, de Vladimir Nabokov
“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuan­do firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.”


69) Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño
“2 de noviembre. He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así.”


70) Los tigres de Mompracem (Sandokán), de Emilio Salgari
“En la noche del 20 de diciembre de 1849 un violentísimo huracán azotaba a Mompracem, isla salvaje de siniestra fama, guarida de temibles piratas situada en el mar de la Malasia, a pocos centenares de kilómetros de las costas occidentales de Borneo.”


71) Mas que humano, de Theodore Sturgeon
“El idiota vivía en un mundo negro y gris, matizado por los relámpagos blancos del hambre y las llamas vacilantes del miedo.
Llevaba ropas raídas y rotas. Aquí una tibia, afilada como un frío cincel, y allí, en la camisa agujereada, se veían unas costillas como dedos de un puño. Era alto y chato, de mirada serena y rostro inexpresivo.
Los hombres se apartaban de él; las mujeres evitaban mirarlo; los niños se detenían y lo observaban. El idiota no se preocupaba; nada esperaba de ellos. Cuando el relámpago lo hería, lo alimentaban.
Cuando no podía alimentarse por sus propios medios, o cuando no podía quedarse sin comer, lo alimentaba la primera persona que se le cruzase en el camino El idiota no sabía por qué, pero no se sorprendía.
No mendigaba. Se detenía y esperaba, simplemente.
Alguien lo miraba a los ojos y en la mano del idiota aparecía una moneda. Comía, y su benefactor se apresuraba a irse, aturdido y sin comprender.
A veces, nerviosamente, le hablaban; hablaban de él entre ellos. El idiota oía los sonidos, pero no los entendía. Vivía apartado en algún lugar secreto de sí mismo. ”


72) Matadero cinco, de Kurt Vonnegut
“Todo esto sucedió, más o menos.”


73) Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk
“Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo”“Encuentra al hombre que me asesinó y te contaré detalladamente lo que hay en la otra vida.”


74) Memorias del subsuelo, de Fiodor M. Dostoievski
“Soy un hombre enfermo ... Un hombre malo. No soy agradable. Creo que padezco del hígado. De todos modos, nada entiendo de mi enfermedad y no sé con certeza lo que me duele. No me cuido y jamás me he cuidado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos.
Además, soy extremadamente supersticioso, cuando menos lo bastante para respetar la medicina (tengo suficiente cultura para no ser supersticioso, pero lo soy) .
Sí, no quiero curarme por rabia. Esto, seguramente, ustedes no lo pueden entender. Pero yo sí lo entiendo.  Claro, que tampoco sabría decirles a quién exactamente estoy fastidiando con mi rabia; sé perfectamente que tampoco puedo “jorobar” a los médicos por no acudir a ellos. Sé mejor que nadie, que con todo esto, sólo me perjudico a mí mismo y a nadie más. Pero a pesar de todo, si no me pongo en tratamiento, es por rabia. ¡Y si mi hígado está mal, pues que se ponga peor!.”


75) Middlesex, de Jeffrey Eugenides
“Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica en Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.”


76) Miedo y asco en Las Vegas, de Thompson
“Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así como:     —Estoy algo volado, mejor conduces tú... 
Y de pronto hubo un estruendo terrible a nuestro alrededor y el cielo se llenó de lo que parecían vampiros inmensos, todos haciendo pasadas y chillando y lanzándose en picado alrededor del coche, que iba a unos ciento sesenta por hora, la capota bajada, rumbo a Las Vegas.”
  

77) Moby Dick, de Herman Melville
“Llamadme Ismael. Hace años, no importa cuántos exactamente, hallándome con poco o ningún dinero en el bolsillo y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de ahuyentar la melancolía y arreglar la circulación.”
   

78) Murphy, de Samuel Beckett

“El sol brillaba, no teniendo otra alternativa, sobre lo nada nuevo.”


79) Musashi. La leyenda del samurai, de Eiji Yoshikawa
“Takezo yacía entre los cadáveres, que se contaban por millares. «El mundo entero se ha vuelto loco —pensó nebulosamente—.
Un hombre podría compararse a una hoja muerta arrastrada por la brisa otoñal.» Él mismo parecía uno de aquellos cuerpos sin vida que le rodeaban.”


80) Neuromante, de William Gibson
“El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.”


81) Niebla, de Miguel de Unamuno
“Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta.”


82) Orgullo y prejuicio, de Jane Austen
“Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario.
Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.”


83) Paraíso inhabitado, de Ana María Matute
“Nací cuando mis padres ya no se querían.
Cristina, mi hermana mayor, era por entonces una jovencita displicente, cuya sola mirada me hacía culpable de alguna misteriosa ofensa hacia su persona, que nunca conseguí descifrar.
En cuanto a mis hermanos Jerónimo y Fabián, gemelos y llenos de acné, no me hacían el menor caso.
De modo que los primeros años de mi vida fueron bastante solitarios.”


84) Pedro Páramo, Juan Rulfo
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera...”


85) Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez
“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.”


86) Pregúntale al polvo, de John Fante
“Cierta noche me encontraba sentado en la cama de la habitación de la pensión de Bunker Hill en que me hospedaba, en el centro mismo de Los Ángeles.
Era una noche de importancia vital para mí, ya que tenía que tomar una decisión relativa a la pensión. O pagaba o me iba: es lo que decía la nota, la nota que la dueña me había deslizado por debajo de la puerta.
Un problema relevante, merecedor de una atención enorme.
Lo resolví apagando la luz y echándome a dormir.”


87) Rayuela, de Julio Cortázar
“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua.”


88) Robinson Crusoe, de Daniel Defoe
“Nací en el año 1632 en la ciudad de York, de una buena familia, aunque no del país, pues mi padre era un extranjero, oriundo de Bremen, que se había radicado inicialmente en Hull.
Gracias al comercio, poseía un considerable patrimonio, y, al abandonar los negocios, vino a vivir a York, donde casó con mi madre, que pertenecía a una distinguida familia de la región, de nombre Robinson, razón por la cual yo fui llamado Robinson Kreutznaer.”


89) Scaramouche, de Rafael Sabatini
“Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio.“


90) Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari
“Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro.
No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos.
Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo al provenir ni por esperanza.
Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes.
Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros.”


91) Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino
“Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero.
Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume enlo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida.
Dilo en seguida, a los demás: «¡No, no quiero ver la televisión!»
Alza la voz, si no te oyen: «¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!»
Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: «¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Italo Calvino!»
O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.”


92) Terra nostra, de Carlos Fuentes
“Increíble el primer animal que soñó con otro animal. Monstruoso el primer vertebrado que logró incorporarse sobre dos pies y así esparció el terror entre las bestias normales que aún se arrastraban, con alegre y natural cercanía, por el fango creador.
Asombrosos el primer telefonazo, el primer hervor, la primera canción y el primer taparrabos.”


93) Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos
“Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono.”


94) Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante
“Showtime! Señoras y señores. Ladies and gentlemen. Muy buenas noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes. Good-evening, ladies & gentlemen. Tropicana, el cabaret más fabuloso del mundo…”


95) Trópico de Cáncer, de Henry Miller
“Vivo en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún sitio, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos.”


96) Tropico de Capricornio, de Henry Miller
“Una vez que has entregado el alma, lo demás sigue con absoluta certeza, aun en pleno caos.
Desde el principio nunca fue sino caos: el fluido que me envolvía, que aspiraba por las branquias. En el substrato, donde brillaba la luna, inmutable y opaca, todo era suave y fecundante; por encima, disputa y discordia.
En todo veía yo en seguida el extremo opuesto, la contradicción y, entre lo real y lo irreal, la ironía y la paradoja.
Era el peor enemigo de mí mismo.”


97) Tu rostro mañana. Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías
“Uno no lo desea, pero prefiere siempre que muera el que está a su lado, en una misión o en una batalla, en una escuadrilla aérea o bajo un bombardeo o en la trinchera cuando las había, en un asalto callejero o en el atraco a una tienda o en un secuestro de turistas, en un terremoto, una explosión, un atentado, un incendio, da lo mismo: el compañero, el hermano, el padre o incluso el hijo, aunque sea niño.
Y también la amada, también la amada, antes que uno mismo.”


98) Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal
“Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y ésta es mi love story. Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco años que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una enciclopedia, una más entre las muchas de las cuales, durante todo este tiempo, habré comprimido alrededor de treinta toneladas, soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y ya no sé qué ideas son mías, surgidas propiamente de mí, y cuáles he adquirido leyendo ...”


99) Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne
“Un domingo, el 24 de mayo de 1863, mi tío, el profesor Lidenbrock, volvió precipitadamente a su casa, sita en el número 19 de Königstrasse, una de las calles más antiguas del viejo barrio de Hamburgo.”


100) Yo, Claudio, de Robert Graves
“Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico esto-lo-otro-y-lo-de-más-allá…(porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos) , que otrora, no hace mucho, fui conocido por mis parientes, amigos y colaboradores como "Claudio el Idiota", o "Ese Claudio", o "Claudio el Tartamudo" o "Clau-Clau-Claudio", o, cuando mucho, como "El pobre tío Claudio", voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.”



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